jueves, 22 de noviembre de 2012

Divulgación del cuerpo, una grata experiencia de aprendizaje y aprehender.


La construcción de todo proyecto de divulgación de conocimiento debe ser construido desde la postura de a quién va dirigido, sí este es un trabajo que nos puede atrapar en la soberbia de comportarnos como eruditos en un conocimiento al cual apenas hemos tenido alcance.
Este proyecto que se llevo a cabo en Colegio Preparatorio de Xalapa, Turno Vespertino. Por medio de platicas y charlas informativas con los alumnos de quinto semestre de 6 grupos (3 grupos del área académica de humanidades y los demás pertenecientes al área económico administrativa, área biológico y de salud y área de ciencias exactas), la actividad surge desde la línea de investigación de Cuerpo y Sexualidad de la Facultad de Antropología Histórica y con la temática que se construye para mi trabajo recepcional.

Este trabajo se vinculo de manera directa con las autoridades académicas de esta institución, con la Dirección y el área de Orientación Educativa.

Del mismo modo tuvo y tiene como objetivo principal la divulgación disciplinaria en el campo de la teoría de cuerpo y sexualidad, atacar los principales tópicos de interés y duda de los jóvenes con respecto a la sexualidad y la información que se les pueda brindar de manera digerible y enriquecedora, pero en el transcurso de este proyecto no fueron ellos los que más se enriquecieron sino mas bien fui yo como ciudadano, antropólogo, hombre y persona.

Al llevar a cabo el proyecto me di cuenta que la antropología histórica me ha otorgado un doble compromiso, lo que al principio de la carrera nos comentaba el profesor René Cabrera que al leer y vivir la vida de antropólogo nos chingaríamos, nuestra vida se transformaría y no volveríamos a ver las cosas del mismo modo, pero al mismo tiempo la antropología histórica nos brinda el privilegio de no dejar de ser ciudadanos.  Ser ciudadanos conscientes de la realidad en la que estamos inmersos, de no ser científicos sociales todo el tiempo sino al mismo tiempo no dejar de ser hombres y mujeres de este mundo. No dejar de comer tamales por comer caviar. Si, tener los espacios de dialogo antropológico y científico son necesarios pero también es necesario no dejar de vernos reflejados en nuestra sociedad y la realidad de la vida cotidiana. Si es verdad que los programas de estudio en México han olvidado totalmente los conceptos básicos como la sexualidad. Seguimos viviendo en una sociedad que castra a los individuos.

El trabajo con los jóvenes preparatorianos me dio la oportunidad de abrir un diálogo directo con una generación totalmente distinta, una generación que depende aun mas de la tecnología, si una generación que ha transformado su proceso comunicativo que se ha convertido mas en digital que oral. Que ahora dependen de tecnologías diferentes de apropiación del conocimiento pero que el tenerlo no nos asegura de hacerlo vivido.

Este trabajo se realizo en el periodo escolar comprendido en el calendario escolar 2012-2013  de bachillerato escolarizado, respetando las fechas de exámenes ordinarios, empezando con la actividad el jueves 13 de Septiembre del año en curso y terminando con ella el 9 de noviembre.

La razón de que solo se realizara en tan corto tiempo fue por el acuerdo previo con el director de la institución el Profesor Vicente R. espino Jara de respetar los días marcados en el calendario para la evaluación parcial. Que fueron del 1° al 11 de Octubre y del 12 al 23 de Noviembre. Aun así se pudieron trabajar alrededor de 15 días salteados dando seguimiento dos temas principales de trabajo: La cartilla por los derechos sexuales de las y los jóvenes y el tema de la discriminación, con sus distintas variantes. Esto dio un resultado un total de 30 horas de trabajo

sábado, 17 de noviembre de 2012


DISCRIMINACIÓN:
La discriminación es un problema social que afecta día a día a las personas impidiendo que sus derechos humanos sean respetados y ejercidos.
La discriminación es entendida en nuestro país como toda forma injustificada de distinción, exclusión, restricción o preferencia, que prive, perturbe, amenace o menoscabe el ejercicio de los derechos establecidos en la Constitución Política, así como en los textos Internacionales ratificados por México, como es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Ningún tipo de discriminación arbitraria es aceptada, en particular cuando se origina por motivos de raza o etnia, nacionalidad, situación socio-económica, lugar de residencia, idioma, ideología u opinión política, sindicación o participación en asociaciones gremiales, sexo,  estado civil, edad, filiación, apariencia personal, enfermedad o discapacidad y, por supuesto, el género o la orientación sexual.
Lamentablemente en nuestro país, y en otras partes del mundo, diversos sectores son discriminados, viendo particularmente dañadas su dignidad las personas indígenas, pobres, indigentes, con discapacidad o enfermedad, inmigrantes, mujeres, niños y niñas, jóvenes, adultos mayores, habitantes de zonas rurales, ateas, agnósticos, judías, evangélicos, testigos de Jehová, mormones, musulmanes y las minorías sexuales, entre otras.



HOMOFOBIA Y  TRANSFOBIA
La discriminación padecida por las minorías sexuales es una de las más graves de nuestro país, según lo han revelado todos los estudios efectuados por universidades, institutos, corporaciones, fundaciones y organismos de derechos humanos.
Como promedio, y de acuerdo a esas investigaciones, la mitad de los mexicanos tiene opiniones que afectan a las minorías sexuales.
La discriminación que afecta a los homosexuales, sean hombres o mujeres, es conocida como homofobia, y la que daña a transexuales como transfobia.
Homofobia o transfobia:    Se da cuando una persona, grupo  o institución contiene en forma permanente opiniones, acciones o actitudes promotoras de alguna segregación contra las minorías sexuales y que teniendo al alcance la información necesaria para modificar sus prejuicios o estereotipos, la rechaza o se niega a conocerla.
Conducta homofóbica o transfóbica:  Corresponde a las opiniones, acciones o actitudes que las personas, grupos o instituciones pueden manifestar en algún momento de sus vidas, afectando en forma negativa el conocimiento sobre las minorías sexuales o la integridad de alguien identificado como homosexual o transexual.
Una conducta de este tipo no vuelve necesariamente a una persona, grupo o institución homofóbica o transfóbica y puede producir la paradoja de desarrollarse en forma paralela con actitudes favorables a los homosexuales o transexuales.
Por ejemplo, puede darse el caso de que un estudiante sea dañado física o verbalmente en algún momento por ser homosexual o transexual por un/a compañero/a en el contexto de una discusión, pero en la práctica  general quien ofende puede tener un buena opinión de las minorías sexuales.
Lo importante es comprender, en todo caso, que nada justifica una conducta discriminatoria y estas deben ser marginadas de todo tipo de conflicto.
Todos los seres humanos somos distintos y en cualquier sociedad cada persona es importante, pues contribuye al desarrollo de su localidad. Ningún ser humano es superior a otro.
Eso significa que la diversidad está en nuestras propias familias, en las puertas de nuestras casas y en todo lugar que conozcamos o visitemos.
Cuando las personas son discriminadas, ofendemos y dañamos la diversidad de la sociedad y del país donde vivimos. Al discriminar quitamos un pedazo a nuestro país. 
Denigrar la diversidad no sólo daña a quien es discriminado, sino que al conjunto de la sociedad. Para sentirse mejor, para vivir mejor, para ser más felices, lo más apropiado es disfrutar la diversidad.



ORÍGENES
La homofobia y la transfobia son problemáticas que no  tienen una fuente exacta, pues son el resultado de las infinitas interacciones sociales establecidas entre las personas, las cuales al retroalimentarse pueden potenciarse si es que no existen políticas para enfrentarlas.
Lo concreto es que este tipo de discriminaciones se basan en la ignorancia respecto a que lo es ser lesbiana, gay, bisexual o transexual, al poco o nulo contacto con estos grupos de personas y a prejuicios y mitos provenientes de antiguas concepciones sobre la sexualidad y los derechos humanos.
Es posible identificar al menos cuatro frentes que en el pasado se retroalimentaron con sus respectivas sociedades para promover mensajes clara o difusamente discriminatorios.
Religiones: Diversas religiones consideran a la homosexualidad como un pecado que atenta contra la moral y las buenas costumbres y que, por tanto, lo mejor para las minorías sexuales es vivir en celibato. Esta postura, sin embargo, ha cambiado lentamente, provocando incluso quiebres al interior de algunas religiones, pues se comprende que el ejercicio sexual libre, sano y responsable es un derecho humano.

Ciencias: Hasta la década de los 90 gran parte de los psicólogos y psiquiatras del mundo consideraban a la homosexualidad como una enfermedad mental, por lo que debía ser curada. Aunque en la actualidad la casi totalidad de los profesionales de la salud mental ha concluido que ninguna orientación sexual es enferma, el desconocimiento de una parte de la ciudadanía sobre estos avances, ha llevado a que muchos sigan pensando erróneamente que la homosexualidad es una patología.

Estados: Durante siglos, muchos Estados influenciados por las religiones y las ciencias, calificaron a la homosexualidad y la transexualidad como un delito, por lo que las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo o entre transexuales eran penalizadas con cárcel, multas o torturas. Hoy, la mayoría de los Estados ha eliminado esas leyes y aprobado otras que rechazan todo tipo de discriminación, pero en algunos países las penas se mantienen y son tan inhumanas que incluyen la muerte.

Medios de comunicación: Los medios de comunicación, en especial hasta la década del 90, potenciaron de alguna manera la discriminación al reproducir lo que las religiones, las ciencias y los Estados venían diciendo, sin cuestionarlos mayormente. Hoy, en cambio, en diversos países, incluido Chile, la prensa es más aperturista y buena parte de ella ha jugado un rol crucial para promover la diversidad y la no discriminación.

Sociedades: Las personas y sociedades, educadas o informadas por Estados, ciencias, religiones o medios de comunicación que durante muchos años tuvieron prejuicios respecto a las minorías sexuales, reprodujeron los mitos en sus relaciones con otros. Los cambios y mejor apertura de los últimos años han producido, afortunadamente, un descenso de quienes discriminan.

DISCRIMINACIÓN EN EL SISTEMA ESCOLAR
La discriminación en los colegios o liceos, o en cualquier otro espacio educacional, es una realidad que puede afectar de manera directa a docentes y estudiantes identificados/as como homosexuales o transexuales, según han reconocido el Ministerio de Educación y el Colegio de Profesores. La invisibilidad del tema en los contenidos o charlas referentes a los derechos humanos o la sexualidad, también es un acto de discriminación.



EL BULLYING
A raíz de los mitos o ignorancia sobre las identidades de género y las orientaciones sexuales es habitual que los estudiantes o docentes identificados como homosexuales o transexuales sean víctimas de burlas o molestias por parte de sus propios compañeras/os o  colegas. La violencia o intimidación en el sistema escolar, como puede ser la discriminación u otro tipo de fenómeno, ha sido conocida en Chile y en el mundo con el nombre de bullying, palabra que viene del anglicismo “matón” o “matonaje”.
El bullying homofóbico o transfóbico puede expresarse en violencia física o verbal o en la sanción, expulsión o despido de estudiantes o docentes sólo por ser identificado/as como homosexuales o transexuales.
El o la agresora puede ejercer directamente la violencia o mandar a otras personas a ejecutarla, además de utilizar espacios distintos al colegio para cometer la discriminación, como pueden ser las afueras del establecimiento o internet.
La invisibilidad
La carencia de menciones en los textos escolares sobre las aportaciones científicas y culturales en torno a las personas homosexuales o transexuales, así como la ausencia en los debates de aula sobre las diversas formas de vivir la sexualidad (homosexual, bisexual, heterosexual y transexual) contribuyen a incrementar los prejuicios e ignorancia y, por tanto, facilitan contextos para la expresión del bullying.
Ello porque lo que no se nombra no existe para los estudiantes y profesores y lo  desconocido generalmente provoca temor, desconfianza o prejuicios, todos caldos de cultivo para la discriminación o el bullying de cualquier tipo.
Efectos de la discriminación y el bullying
Cualquier forma de expresión del bullying o de la discriminación provoca negativos efectos no sólo en las personas dañadas, sino también en los responsables de la agresión o violencia, por tanto la erradicación de la homofobia y transfobia hace bien a todos los seres humanos.

CARTILLA POR LOS DERECHOS SEXUALES DE LAS Y LOS JÓVENES

 La presente cartilla formo parte de la campaña nacional por los Derechos Sexuales de las y los jóvenes: “Hagamos un Hecho nuestros Derechos”, mediante la cual se realizó un esfuerzo conjunto de diversas Organizaciones de la Sociedad Civil y de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, para redactarla. Está basada en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como en diversos instrumentos internacionales ratificados por el estado mexicano.
Contiene los siguientes trece derechos:

1.    DERECHO A DECIDIR DE FORMA LIBRE SOBRE MI CUERPO Y MI SEXUALIDAD
Existen diversas formas de vivir la sexualidad.
Tengo derecho a que se respeten las decisiones que tomo sobre mi cuerpo y mi vida sexual. Soy responsable de mis decisiones y actos.
Nadie debe presionar, condicionar ni imponer sus valores particulares sobre la forma en que decido vivir mi sexualidad.

2.    DERECHO A EJERCER Y DISFRUTAR PLENAMENTE MI VIDA SEXUAL
El disfrute pleno de mi sexualidad es fundamental para mi salud y bienestar físico, mental y social. Tengo derecho a vivir cualquier experiencia o expresión sexual o erótica que yo elija, siempre que sea lícita, como práctica de una vida emocional y sexual plena y saludable. Nadie puede presionarme, discriminarme, inducirme al remordimiento o castigarme por ejercer o no actividades relacionadas con el disfrute de mi cuerpo y mi vida sexual.
3.    DERECHO A MANIFESTAR PÚBLICAMENTE MIS AFECTOS
Las expresiones públicas de afecto promueven una cultura armónica afectiva y de respeto a la diversidad sexual. Tengo derecho a ejercer mis libertades individuales de expresión, manifestación, reunión e identidad sexual y cultural, independientemente de cualquier prejuicio. Puedo expresar mis ideas y afectos sin que por ello nadie me discrimine, coarte, cuestione, chantajee, lastime, amenace o agreda verbal o físicamente.

4. DERECHO A DECIDIR CON QUIEN COMPARTIR MI VIDA Y MI SEXUALIDAD*
Existen varios tipos de familias, uniones y convivencia social. Tengo derecho a decidir libremente con quién compartir mi vida, mi sexualidad, mis emociones y afectos. Ninguna de mis garantías individuales debe ser limitada por esta decisión. Nadie debe obligarme a contraer matrimonio o a compartir con quien yo no quiera mi vida ni mi sexualidad.
* Si eres menor de edad, consulta el Código Civil de tu estado.

5. DERECHO AL RESPETO DE MI INTIMIDAD Y MI VIDA PRIVADA
Mi cuerpo, mis espacios, mis pertenencias y la forma de relacionarme con las y los demás son parte de mi identidad y privacía. Tengo derecho al respeto de mis espacios privados y a la confidencialidad en todos los ámbitos de mi vida, incluyendo el sexual. Sin mi consentimiento, ninguna persona debe difundir información sobre los aspectos sexuales de mi vida.

 6. DERECHO A VIVIR LIBRE DE VIOLENCIA SEXUAL
Cualquier forma de violencia hacia mi persona afecta el disfrute pleno de mi sexualidad. Tengo derecho a la libertad, a la seguridad jurídica y a la integridad física y psicológica. Ninguna persona debe abusar, acosar, hostigar o explotarme sexualmente. El Estado debe garantizarme el no ser torturad@, ni sometid@, a maltrato físico, psicológico, abuso, acoso o explotación sexual.

7. DERECHO A LA LIBERTAD REPRODUCTIVA*
Las decisiones sobre mi vida reproductiva forman parte del ejercicio y goce de mi sexualidad. Como mujer u hombre joven tengo derecho a decidir, de acuerdo con mis deseos y necesidades, tener o no hijos, cuántos, cuándo y con quién. El estado debe respetar y apoyar mis decisiones sobre mi vida reproductiva, brindándome la información y los servicios de salud que requiero, haciendo efectivo mi derecho a la confidencialidad.
*Si eres menor de edad, consulta las leyes en materia de salud de tu estado.

8. DERECHO A LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES Y A LA EQUIDAD
Las mujeres y los hombres jóvenes, aunque diferentes, somos iguales ante la ley. Como joven, tengo derecho a un trato digno y equitativo y a gozar de las mismas oportunidades de desarrollo personal integral. Nadie, bajo ninguna circunstancia, debe limitar, condicionar o restringir el pleno goce de todos mis derechos individuales, colectivos y sociales.

9. DERECHO A VIVIR LIBRE DE TODA DISCRIMINACIÓN
L@s jóvenes somos diversos y, por tanto, tenemos diferente forma de expresar nuestras identidades. Tengo derecho a que no se me discrimine por mi edad, género, sexo, preferencia, estado de salud, religión, origen étnico, forma de vestir, apariencia física o por cualquier otra condición personal. Cualquier acto discriminatorio atenta contra mi dignidad humana. El Estado debe garantizarme la protección contra cualquier forma de discriminación.

10. DERECHO A LA INFORMACIÓN COMPLETA, CIENTÍFICA Y LAICA SOBRE LA SEXUALIDAD
Para decidir libremente sobre mi vida sexual necesito información. Tengo derecho a recibir información veraz, no manipulada o sesgada. Los temas relativos a la información sobre sexualidad deben incluir todos los componentes de ésta: género, erotismo, vínculos afectivos, reproducción y diversidad. El Estado debe brindar información laica y científica de manera continua de acuerdo con las necesidades particulares de l@s jóvenes. 

11. DERECHO A LA EDUCACIÓN SEXUAL
La educación sexual es necesaria para el bienestar físico, mental y social, y para el desarrollo humano, de ahí su importancia para l@s jóvenes. Tengo derecho a una educación sexual sin prejuicios que fomente la toma de decisiones libre e informada, la cultura del respeto a la dignidad humana, la igualdad de oportunidades y la equidad. Los contenidos sobre sexualidad en los programas educativos del Estado deben ser laicos y científicos, estar adecuados a las diferentes etapas de la juventud y contribuir a fomentar el respeto a la dignidad de l@s jóvenes.

12. DERECHO A LOS SERVICIOS DE SALUD SEXUAL Y A LA SALUD REPRODUCTIVA*
La salud es el estado de bienestar físico, mental y social de las personas. Tengo derecho a recibir los servicios de salud sexual, gratuitos, oportunos, confidenciales y de calidad. El personal de los servicios de salud pública no debe negarme información o atención bajo ninguna condición y éstas no deben estar sometidas a ningún prejuicio.
*Si eres menor de edad, consulta las leyes en materia de salud de tu estado.

13. DERECHO A LA PARTICIPACIÓN DE LAS POLÍTICAS PÚBLICAS SOBRE SEXUALIDAD
Como joven puedo tener acceso a cualquier iniciativa, plan o programa público que involucre mis derechos sexuales y a emitir mi opinión sobre los mismos. Tengo derecho a participar en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas sobre sexualidad, salud sexual y reproductiva; a solicitar a las autoridades gubernamentales y a las instituciones públicas que construyan y promuevan los espacios y canales necesarios para mi participación; así como a asociarme con otr@s jóvenes para dialogar, crear y promover acciones propositivas para el diseño e implementación de políticas públicas que contribuyan a mi salud y bienestar. Ninguna autoridad o servidor público debe negar o limitarme, de manera injustificada, la información o participación referente a las políticas públicas sobre sexualidad.


Los Derechos Sexuales de las Personas Jóvenes.
Alrededor de 14 millones de niñas y mujeres menores de 20 años de edad dan a luz cada año en el mundo[2]. En muchos de estos casos los embarazos son no deseados y ocasionan graves riesgos de salud. Asimismo, entre dos y cuatro millones y medio de adolescentes intentan realizarse un aborto cada año[3].

Estos datos hablan por sí solos. Demuestran que los gobiernos deben reconocer a las y los jóvenes como personas sexualmente activas, garantizándoles sus derechos sexuales y reproductivos mediante políticas, leyes y programas específicos.

Voy a hablarles de un tema que genera incomodidad, que da lugar a intensos debates y que, paradójicamente, no recibe toda la atención que merece. Este tema es el de los derechos sexuales de las personas jóvenes, especialmente de las menores de 18 años de edad.



¿Por qué son importantes las personas jóvenes?

Posiblemente ustedes estén preguntándose: ¿por qué hablar sobre los derechos sexuales de las y los adolescentes? ¿por qué no hablar de los derechos sexuales de todas las personas, de una manera amplia, más allá de consideraciones de edad? Existen tres razones de peso para hacerlo.

La primera tiene que ver con le hecho de que las personas jóvenes tienden a ser más flexibles y están dispuestas a adoptar cambios en sus ideas y conductas. Si, como ha señalado la Dra. Esther Vicente, los derechos se construyen a partir de las prácticas individuales y colectivas, la construcción de los derechos sexuales a nivel social se dará más rápidamente si partimos desde las y los jóvenes.



La segunda razón está relacionada a una cuestión de justicia social. Las personas jóvenes son especialmente vulnerables y se encuentran desproporcionadamente afectadas por diferentes problemas sociales, económicos y de salud. Basta mencionar algunos datos de la realidad para constatar que esto es así. Según el Fondo de Población de las Naciones Unidas el 42 por ciento de las y los jóvenes vive en condiciones de pobreza, con menos de 2 dólares diarios[4]. De los 185 millones de desempleados que existen en el mundo, aproximadamente la mitad son jóvenes[5] y cerca del 50 por ciento de los ataques sexuales que ocurren en el mundo tienen lugar entre mujeres de 15 años de edad o menos[6].

Las personas jóvenes también tienen una mayor propensión a contraer infecciones de transmisión sexual. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, dos terceras partes de las infecciones de transmisión sexual registradas en el mundo ocurren entre personas menores de 25 años de edad, mientras que la mitad de todas las nuevas infecciones por VIH/SIDA se dan entre jóvenes. En América Latina, como en otras partes del mundo, las y los jóvenes encuentran enormes obstáculos para acceder a los métodos anticonceptivos que necesitan para protegerse de este tipo de infecciones. En la República Dominicana, por ejemplo, sólo el 33 por ciento de las personas de entre 20 y 24 años de edad acceden a métodos anticonceptivos modernos, mientras que el acceso entre las personas de 40 a 44 años de edad llega al 72 por ciento.
Podría seguir dando ejemplos como estos todo el día, pero lo que quiero decir, en definitiva, es que quienes tenemos la posibilidad de dar visibilidad a estos temas debemos hablar fuerte y claro. Como ustedes saben, en la mayoría de los países las personas menores de 18 años de edad no tienen derecho a voto. Esta incapacidad de influir en los procesos políticos termina afectando negativamente sus intereses y es responsable, al menos en parte, de situaciones de vulnerabilidad como las que acabo de describir. Es precisamente por este motivo que considero importante colocar la cuestión de los derechos sexuales de las y los adolescentes en la agenda política de los gobiernos.



La tercera razón por la que quiero centrar mi atención en las y los jóvenes es que, si queremos asegurar nuestro futuro como especie y, al mismo tiempo, construir una sociedad mejor, más justa y solidaria, es absolutamente necesario que invirtamos en el desarrollo de las personas jóvenes. Es de interés de toda la sociedad dar a las y los jóvenes la información y las herramientas que necesitan para protegerse y actuar de manera responsable a la hora de iniciar sus vidas sexuales. La adolescencia y la juventud son etapas especiales de la vida, etapas de formación, y las decisiones que se toman en estos momentos, las metas que se fijan y las oportunidades que se reciben pueden llevar a las y los jóvenes por caminos que los beneficien o, por el contrario, que los perjudiquen, no sólo a ellos sino también a sus familias y a la sociedad.

La actual generación de jóvenes es la más grande que ha existido en la historia de la humanidad. Actualmente existen alrededor de 3.000 millones de personas menores de 25 años de edad, es decir que aproximadamente la mitad de la población mundial está compuesta por jóvenes. Por lo tanto, por una mera cuestión de magnitud, de peso específico dentro del colectivo humano, es importante prestar atención a los derechos de este grupo.

En las últimas décadas, quienes defendemos los derechos sexuales y reproductivos hemos evitado hablar del crecimiento poblacional. Esto se debe a que las ideas neomalthusianas predominantes en el pasado habían sido utilizadas para justificar la negación de los derechos individuales. La preocupación por el rápido aumento de la población ha inspirado políticas coercitivas que buscaban imponer la norma de una familia pequeña, tal como ha ocurrido en la India y China. Por este motivo fue muy importante que en la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo, llevada a cabo en el Cairo a comienzos de la década de 1990, lográramos cambiar el paradigma y colocar el tema de los derechos como el eje central de las políticas de población.

Pasados 15 años, y comprendiendo claramente la importancia de mantener y ampliar el enfoque de derechos, nos encontramos en una situación que nos permite examinar con objetividad las implicaciones del aumento de la población, sin que esto signifique aceptar un retroceso hacia políticas coercitivas. Actualmente podemos decir con tranquilidad que un menor crecimiento de la población ayudará a resolver uno de los desafíos más importante que enfrentamos: el del calentamiento global y los problemas ambientales, sociales, económicos y políticos que se derivan de este fenómeno. En un reciente artículo, el Premio Nobel de Economía Amartya Sen analizaba el creciente costo de los alimentos en todo el mundo, señalando que si bien el crecimiento poblacional sólo tiene un impacto menor en la demanda de alimentos, una mayor población puede contribuir al calentamiento global y, por lo tanto, amenazar la sustentabilidad de la producción agrícola.

Si garantizamos los derechos sexuales de las y los jóvenes, si les facilitamos los medios que necesitan para tomar decisiones informadas sobre su sexualidad y sobre el número de hijos que desean tener y cuándo tenerlos, si les brindamos educación y oportunidades económicas que les permitan tener condiciones dignas de vida, y si ayudamos a evitar situaciones como los embarazos no deseados y la maternidad precoz, lograremos un mundo más justo y también una reducción en las tasas de fecundidad y un retraso en el inicio de la maternidad y la paternidad. Creo que es evidente cómo contribuye una caída en las tasas de fecundidad a frenar el crecimiento poblacional, por lo que no voy a detenerme en este tema. El segundo punto, el del retraso en el inicio de la maternidad y la paternidad, es menos claro, y por eso quiero dedicarle algunos minutos.

El hecho de que un joven o una joven esperen para tener su primer hijo es especialmente importante como consecuencia de un fenómeno que los demógrafos llaman “inercia poblacional,” el que hace referencia al porcentaje de la población que se encuentra en edad reproductiva. Cuanto mayor es la proporción de la población en edad reproductiva, mayor será el crecimiento poblacional en el futuro, porque existe un importante número de personas jóvenes que empezarán a tener hijos en poco tiempo. Esto significa que la población seguirá creciendo aun cuando las tasas de fecundidad disminuyan y lleguen al nivel de reemplazo poblacional. Lo importante, entonces, es que cuanto más temprano empiecen las y los jóvenes a tener hijos, más rápido (y mayor) será el crecimiento poblacional.

Los derechos sexuales de los jóvenes

Existe una creciente aceptación de los derechos sexuales, pero aún persiste una fuerte resistencia desde los sectores más conservadores hacia estos. Esta resistencia se hace aún más fuerte cuando se trata de los derechos sexuales de las y los jóvenes.
Existe en varios países el acuerdo inicial de que es necesario disminuir los embarazos y el contagio de las infecciones de transmisión sexual entre las y los jóvenes, pero cuando se piensa en las formas para lograrlo no se encuentran consensos ya que se da una desaprobación y negación constante de la vida sexual, los deseos, la diversidad en orientaciones sexuales y los nuevos acuerdos en las relaciones de pareja entre las personas jóvenes. Esta desaprobación existe incluso entre los mismos jóvenes porque tienden a asimilar la cultura dominante.
Pero las dificultades son aun más profundas, porque la propia noción de que las y los jóvenes menores de 18 años de edad tienen derechos —en verdad, que los derechos humanos en general se aplican también a las personas jóvenes— es relativamente nueva, y fue consagrada internacionalmente por medio de la Convención sobre los Derechos del Niño de 1989, ahora ratificada por 191 países (los únicos países que no lo han hecho son Estados Unidos y Somalia. La Convención ha introducido un nuevo principio en las leyes internacionales que tiene profundas implicaciones: el principio de las capacidades evolutivas del niño.
Las capacidades evolutivas del niño y la niña incluyen su capacidad fisiológica de reproducirse, su capacidad psicológica para tomar decisiones informadas sobre consejería y atención a la salud, y su capacidad emocional y social para asumir comportamientos sexuales en conformidad con las responsabilidades y roles que esto conlleva. Una importante consecuencia para las adolescentes incluye la posibilidad del embarazo, por lo que requieren servicios de salud distintos de aquellos que requerían cuando eran niñas, incluyendo los servicios de planificación familiar, la prevención de las infecciones de transmisión sexual y el aborto seguro.
La Convención hace hincapié en el desarrollo y la madurez intelectual, la capacidad para entender conceptos complejos, para tomar decisiones informadas y para poder apreciar las posibles consecuencias de éstas. En relación a la sexualidad, la madurez intelectual es, por lo general, considerada junto a la madurez emocional o social. Esto incluye, por ejemplo, la formación de la identidad y la capacidad de decidir, de manera responsable e informada, sobre las relaciones y comportamientos sexuales.
El adolescente como derechohabiente, como decía antes, es un concepto relativamente nuevo. Por otro lado, la vulnerabilidad que presentan las y los niños y sus necesidades de cuidado, consejería y protección por parte de los padres, las familias, comunidades y el Estado es ampliamente reconocida. La doctrina de las capacidades evolutivas de los niños maneja esta doble identidad del niño de manera flexible y contextual para la aplicación de derechos legales y protecciones de acuerdo a las etapas evolutivas de maduración y desarrollo. Este marco es útil para promover los derechos sexuales y derechos reproductivos de las y los jóvenes y para construir un imaginario social en donde las y los jóvenes son capaces de tomar decisiones informadas y responsables sobre sus cuerpos y sus vidas.
El Comité de los Derechos del Niño, órgano que vela por el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño, ha expresado su preocupación sobre los altos índices de mortalidad materna, de abortos inseguros, y de la falta de acceso a servicios de adolescentes para la protección de su salud sexual. Sin embargo, el Comité no ha ofrecido lineamientos detallados con respecto a las leyes y políticas de salud sexual y reproductiva y de jóvenes, que sean consistentes con los derechos y las libertades otorgadas por esta Convención y asumidas por los Estados Parte en su ratificación.
Como bien señala un informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)[7], el tema de la edad de consentimiento para las relaciones sexuales presenta una serie de dificultades, especialmente en lo que respecta al establecimiento de un equilibrio entre el derecho a la protección y el derecho a respetar las capacidades evolutivas de los y las niñas. Por ejemplo, es posible que algunas personas menores de 14 años de edad sean lo suficientemente maduras para tomar decisiones informadas sobre su sexualidad, mantener relaciones sexuales con otra persona de su edad y evaluar los riesgos que esto conlleva. Otras, por el contrario, no tienen este grado de madurez. La situación se complica aún más cuando las personas menores entablan relaciones sexuales con una pareja mayor de edad que se encuentra en una situación de poder frente al menor.
¿Cómo se resuelven estas tensiones? El Comité de los Derechos del Niño considera que se debe privilegiar la protección de los menores ante posibles abusos de los adultos. De hecho ha exhortado a los gobiernos a aumentar la edad de consentimiento para evitar este tipo de problemas. Por otro lado, el Comité también ha recomendado que la edad mínima para que niños y niñas puedan contraer matrimonio debería ser de 18 años de edad. El Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer ha emitido recomendaciones en el mismo sentido. La presunción detrás de estas recomendaciones es que resulta imposible que los y las niñas, independientemente de las circunstancias que enfrenten, tengan la madurez suficiente para comprender las consecuencias que conlleva el matrimonio.
Por otro lado el informe del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia señala que “la recomendación de fijar edades mínimas altas para el consentimiento sexual y el matrimonio es problemática. Si la edad de consentimiento sexual coincide con la de matrimonio y ambas se fijan a los 18 años de edad, se criminalizan las conductas que mantienen muchas personas jóvenes en diferentes sociedades en todo el mundo… Más aún, ilegalizar las conductas sexuales reduce la posibilidad de que las personas jóvenes reciban el asesoramiento y cuidados de salud reproductiva que necesitan para su protección y seguridad. Por lo tanto, las medidas diseñadas para brindar protección terminan teniendo el efecto contrario.”[8]
Otro aspecto que cabe destacar es que las y los jóvenes, igual que las demás personas, son diversos. Hay jóvenes que son gays, lesbianas o transgéneros, así como los hay heterosexuales. Hay jóvenes de distintas clases sociales y con diferentes niveles de educación. Hay jóvenes que son trabajadores sexuales, profesionales o desempleados. Hay jóvenes casados y solteros. Los derechos sexuales se aplican a todos ellos.

DIMENSIONES DE LA CORPORALIDAD. PROYECTO DE DIVULGACIÓN, VINCULACIÓN Y EXTENSIÓN.

Proyecto que se pretende llevar a cabo en Colegio Preparatorio de Xalapa. Por medio de platicas y charlas informativas con los alumnos de distintos semestres, la actividad surge desde la línea de investigación de Cuerpo y Sexualidad de la Facultad de Antropología Histórica y con la temática que se construye para mi trabajo recepcional.

Este trabajo se vinculo de manera directa con las autoridades académicas de esta institución, con la Dirección y el área de Orientación Educativa.

Del mismo modo tiene como objetivo principal la divulgación disciplinaria en el campo de la teoría de cuerpo y sexualidad, atacar los principales tópicos de interés y duda de los jóvenes con respecto a la sexualidad y la información que se les pueda brindar de manera digerible y enriquecedora

Las dimensiones de la corporalidad y la sexualidad se relacionan con las diversas formas de sentirlas  y vivirlas. Las forma como esto ocurre nos permite identificar a los seres humanos como hombres y mujeres, que decidirán sobre su sexualidad y su cuerpo, tomando en cuenta las diferentes concepciones que se tenga de las practicas cotidianas de vida.